Comentario

El acuerdo UE-Mercosur revela una nueva estrategia comercial en Europa

Tras más de 25 años de negociaciones, el acuerdo comercial UE-Mercosur finalmente está en vigor, un plazo tan largo que, cuando comenzaron las negociaciones, Bill Clinton seguía siendo presidente de Estados Unidos y el euro aún no existía. La maquinaria de la UE es famosa por su ritmo lento, pero este acuerdo ha batido todos los récords.

A pesar de la duración de las negociaciones, el acuerdo revela en realidad una realidad geopolítica mucho más reciente: la UE está buscando activamente nuevos socios comerciales en el mundo. Con Estados Unidos ya no visto en Bruselas como el aliado fiable que fue en su día, la UE pretende diversificar sus relaciones comerciales, y el impulso similar puede verse en otros lugares, con acuerdos con India, Australia y México también firmados este año, una señal clara de que la Unión está impulsando la diversificación de sus alianzas económicas en el mundo. Otros países han adoptado enfoques similares, con el primer ministro canadiense Mark Carney instando a las economías occidentales a reducir dependencias estratégicas y profundizar los lazos con «socios de confianza», reflejando de cerca la estrategia comercial en evolución de la UE.

Sin embargo, la nueva doctrina de la UE de buscar nuevos socios comerciales en la era de Trump no ha sido avanzada sin resistencia. En el lado europeo, las protestas de campesinos enfadados han sacudido las calles de Bruselas, París, Varsovia y otras grandes ciudades. El sector argumentó en términos generales que el acuerdo con Mercosur corre el riesgo de aumentar la competencia de productores sudamericanos que operan bajo diferentes estructuras de costes y condiciones de producción.

No obstante, el acuerdo proporciona salvaguardas que la UE ha logrado tras años de dolorosas negociaciones. Estas incluyen la importación de límites para productos como la carne de vacuno y las aves, y protecciones adicionales para productos como arroz, miel y etanol. Las salvaguardas ya se han puesto en marcha: el 12 de mayo, apenas dos semanas después de que el acuerdo comenzara a aplicarse, la UE decidió prohibir la importación de carne brasileña a partir de septiembre, debido al uso de antimicrobianos para estimular el crecimiento animal, una práctica que está prohibida en Europa desde 2006. Aunque las preocupaciones son legítimas, la UE ha asegurado que existan protecciones cuando surgen problemas.

Además, el sector agrícola de la UE se beneficiará del reconocimiento de 344 indicaciones geográficas europeas (IG). Estos son derechos de propiedad intelectual utilizados para impedir que los productores sudamericanos comercializen versiones imitadas de productos europeos tradicionales como el champán, el queso manchego o el vinagre balsámico de Módena. Este reconocimiento dará a los productores europeos una ventaja clave

Más allá de la agricultura, otros sectores han apoyado mucho el acuerdo, con fabricantes europeos de automóviles que esperan aumentar sus ventas en Sudamérica mientras acceden a materias primas críticas muy necesarias.

Independientemente de las garantías y los beneficios esperados para la economía europea en general, es probable que la resistencia al nuevo activismo comercial de la UE continúe. Incluso en el caso de Mercosur, el asunto no es nada de casa. El pasado enero, el Parlamento Europeo acordó enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que evalúe si está en línea con los Tratados de la UE. Además, para que se aplique plenamente, debe ser ratificado por los 27 países de la UE. Esto es poco probable que ocurra a corto plazo, con países como Francia y Polonia expresando una fuerte oposición. En cambio, el acuerdo casi con toda seguridad permanecerá en solicitud provisional durante años. Este es el caso del acuerdo UE-Canadá (CETA), que ha estado atascado en la fase provisional de solicitud desde 2017.

Pero esto probablemente no disuadirá a la UE: el panorama general es que el Mercosur no debe interpretarse como un acuerdo independiente, sino como evidencia de una doctrina comercial europea más asertiva. Independientemente de si la ratificación total avanza rápido o no, la dirección a seguir es clara: Bruselas está utilizando su política comercial para reducir dependencias estratégicas, diversificar las cadenas de suministro y mantener a las empresas europeas conectadas con mercados en crecimiento en un mundo cada vez más inestable e impredecible. La UE quiere más socios, más vías de acceso al mercado y más influencia en una economía global menos predecible.

Para las empresas, eso abre muchas oportunidades comerciales. Los exportadores deberían reevaluar dónde aranceles más bajos, un acceso más fuerte al mercado y oportunidades de adquisición podrían mejorar su posición. Los importadores deberían analizar si nuevas opciones de aprovisionamiento pueden reducir la exposición a cadenas de suministro concentradas. Los inversores deberían seguir los sectores en los que la agenda comercial de la UE se solapa con infraestructuras, energía limpia, materias primas críticas, sistemas alimentarios y producción industrial. Las industrias reguladas también deberían prestar mucha atención, ya que los acuerdos comerciales de la UE llevan cada vez más estándares europeos sobre trazabilidad, sostenibilidad y cumplimiento en los mercados socios.

Por tanto, el Mercosur se entiende mejor como parte de un cambio más amplio en la postura económica europea. Desde Sudamérica hasta India, Australia y México, la UE está intentando construir una red más amplia de relaciones comerciales que puedan apoyar la resiliencia tanto como el crecimiento. Para las empresas, la oportunidad es empezar a utilizar esta nueva doctrina comercial como un mapa de dónde surgirán las próximas aperturas comerciales, presiones regulatorias y riesgos políticos.

José M. Arroyo, PA Account Manager

Grayling Bruselas